Sexmos de La Comunidad de la Ciudad de Segovia. Parte V

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ordem-e-alegria-medieval-gloria-da-idade-media… Como vemos, el arma segoviana fue basarse en una política de hechos consumados que desembocaba en la repoblación y ocupación física de estos territorios. Nos sorprende, como a tantos autores, esta capacidad de población de Segovia que desbordaba cualquier intento de competencia a su mismo nivel. En contraste observaremos la actuación del concejo de Madrid, cuyas reclamaciones se ven limitadas a aquellos privilegios reales que salvaguardan su territorio, sin que pudiese contar con una iniciativa repobladora que oponer a la del concejo de Segovia. Este concejo abandonó Manzanares, pero hacia 1268 reforzaba su presencia en las pueblas del nordeste: Guadarrama y Galapagar, para compensar este avance segoviano Alfonso X determinó que El Pardo quedase incluido en los términos de Madrid y para ello fuese desgajado del Real. Además, los madrileños usufructuarían el Real de Manzanares hasta que se fallase el pleito.

castillo_manzanaresLa situación de litigio entre los dos concejos, hizo del Real de Manzanares un lugar especialmente vinculado a las decisiones personales del monarca. Así, Sancho IV, en 1287, tras conocer la información derivada de una pesquisa realizada por medio de testigos y jurados, reconoció como segovianos los lugares y términos del Real hasta los límites señalados por el privilegio de Alfonso VIII en 1208. A pesar de esta decisión, el concejo de Madrid mantuvo su reclamación, y el litigio prosiguió durante años. A partir de Fernando IV, los monarcas se aprovecharon de estas tierras, entregando el Real como merced regia y disponiendo de él al margen de los concejos interesados. El fallo judicial esperado nunca llegó, y ya Fernando IV entregó el Real de Manzanares a don Alfonso de la Cerca, pero después lo restituyó al concejo de Segovia en 1312.

Alfonso XI recibió la apelación de Madrid acerca de las decisiones de Sancho IV y Fernando IV, favorables a Segovia, pero el rey actuó enajenando el Real de Manzanares en favor de don Alfonso de la Cerda, el cual lo mantuvo y transmitió a su hijo Juan de la Cerda y éste lo cedió a doña Leonor de Guzman a cambio de Huelva. Más tarde volvió a la corono y fue entregada su tenencia a don Pedro González de Mendoza para quedar definitivamente, bajo el dominio pleno de esta familia, en el reinado de Juan I, en 1383.

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Este freno a la repoblación segoviana, puesto con denuedo por el concejo de Madrid, no impidió que ésta siguiera avanzando por otras vías en esta misma zona, ocupando paulatinamente los sexmos de Lozoya, Valdemoro y Casarrubios. Estos territorios ocupados en los siglos XIV y XV supondrán la plataforma de expansión y serán objetivo de la señorialización de la naciente oligarquía urbana de Segovia. Sus tierras, más veraces que las del norte de la sierra, se explotaron bajo la tutela constante de la nobleza urbana.

Los términos que confinaban con el concejo de Avila, quedaban delimitados por el curso del río Voltoya, según dice un privilegio de 1184 del rey Alfonso VIII. El territorio que abarcaba el campo de Azalvaro, justo en la zona de frontera, acordaron dejarlo para extremo con comunidad de pastos para los dos concejos.

Destacaremos, según nos indica la documentación, que hasta el siglo XV Segovia centra su atención en mantener y ocupar los territorios de la zona sur de la sierra. Seria a fines del siglo XV cuando el concejo segoviano se esforzaría plenamente en mantener los territorios y la jurisdicción amenazados desde todas las direcciones.

Fuente: Segovia. La Ciudad y su Tierra a fines del medievo – Maria Asenjo Gonzalez

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