Segovia y Enrique IV. Parte V

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El Rey y sus cronistas mayores.

Como era el rey D. Enrique IV según el cronista Enriquez Castillo.

EnriqueIV…<<Era este persona de larga estatura y espeso en el cuerpo y de fuertes miembros; tenía las manos grandes y los dedos largos y recios; el aspecto feroz, casi a semejanza de león, cuyo acatamiento ponía temor a los que miraban; las narices romas e muy llanas; no que así naciese, mas porque en su niñez, recibió lesión en ellas; ojos garzos e algo esparcidos; encarnizados los párpados; donde ponía la vista mucho le duraba el mirar; la cabeza grande y redonda, la frente ancha, las cejas altas, las sienes reunidas, las requijadas luengas y tendidas a la parte de ayuso; los dientes espesos y traspellados; los cabellos rubios; la barba luenga y pocas veces afeitada; las carnes blancas, las piernas muy luengas e bien entalladas; sus pies delicados. Era de singular ingenio y de grande apariencia, pero bien razonado, honesto y mesurado en su habla, placentero con aquellos a quienes se daba; holgábase mucho con sus servidores y criados: avía placer por darles estado y ponerles en honra; jamás deshizo a ninguno que pusiese en prosperidad; compañía de muy pocos le placía; a sus pueblos pocas veces se mostraba; huía de los negocios; despachabalos muy tarde; era muy enemigo de los escándalos; acelerado y amansado muy presto; de quien una vez se fiaba sin sospecha ninguna le daba mando e favor; el tono de su voz dulce e muy proporcionada; todo canto triste le daba deleite; preciabase de tener cantores y con ellos cantaba muchas veces; en los divinales oficios mucho se deleytaba; estaba siempre retraído; tanía dulcemente el laud; sentía bien la perfección de la música; los instrumentos de ella le placian. Era gran cazador de todo linaje de animales y bestias fieras; su mayor deporte era andar por los montes y Enrique-IV-el-Impotente,-rey-de-Castilla-Leónen aquellos hacer edeficios y sitios cercados de diversas maneras de animales y tenia con ellos grandes gastos. Grande edificador de iglesias e Monasterios y dotador y sustentador de ellos; dábase a los religiosos y a su conversación. Labraba ricas moradas y fortalezas; era señor de grandes tesoros, amigo y allegador de aquellos, mas por fama que cobdicia; fué grande su franqueza, tan alto su corazón, tan alegre para dar, tan liberal para lo cumplir, que de las mercedes hechas nunca se recordaba, ni dexó de hacer mientras estuvo prosperado. En la guarda de las personas traía gran muchedumbre de gente, de guisa que su corte siempre se mostró de mucha grandeza y el estado real muy poderoso. Los hijos de los grandes, los generosos y nobles, y los de menos estado, con las pagas de su sueldo se sostubieron en honra. Era lleno de mucha clemencia, de la crueldad ageno, piadoso, a los enfermos caritativo y limosnero de secreto. Rey sin ninguna ufania, amigo de los humildes, desdeñador de los altivos. Fué tan cortés, tan mesurado e gracioso, que a ninguno hablando jamás decía de tu, ni consintió que le besasen la mano. Hacia poca estima de si mesmo; con los principes y reyes y con los muy poderosos, era muy presuntuoso. Preciabase tanto de la sangre real, suya e de sus antepasados que aquella solía decir ser la mas excelente que ninguna de los otros reyes de Christianos. Fué su vivir e vestir muy honesto, ropas de paño de lana del trage de aquellos sayos luengos y capuces e capas: las insignias e cerimonias reales muy agenas fueron de su condición. Su comer mas fue desorden que glotonia, por donde su complexion en alguna manera se corrompió, e asi padecia mal de la ijada y a tiempo dolor de muelas: nunca jamás bebio vino. Tuvo flaquezas humanas de hombre y como rey magnanimidades de mucha grandeza. Era gran cabalgador de la gineta, y usavalo de contino, tanto que los del reyno a su exemplo conformados, dexan la polecia de ser hombre de armas. Tuvo muchos serbidores e criados y de aquellos hizo grandes señores: pero los mas de ellos le fueron ingratos, de tal guisa que sus dádivas y mercedes no se vieron agradecidas ni respondidas con lealtad. E asi fueron sus placeres pocos, los enojos muchos, los cuidados grandes y el descanso ninguno….>>>

Fuente: Segovia y Enrique IV – Antonio Jaén

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