Segovia y Enrique IV. Parte III

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Enrique, según el arte

Enrique-IV-el-Impotente,-rey-de-Castilla-LeónEste retrato del rey Enrique, siendo como es una admirable documentación, ha sido muy del agrado de los estudiosos, pues en muy poco tiempo y en todos los trabajos más o menos relacionados con el período de que ahora tratamos, se han apresurado a reproducirlo, como lo han hecho, entre otros, Julio Cejador, en el tomo I de su Historia de la literatura española, y Paz y Melia en su libro sobre el cronista Palencia.

A nadie ha sugerido la menor duda la autenticidad y coetaneidad del retrato; ignórase quién sea su autor, y forma serie en el códice de Stturgart -donde se contiene el relato del viaje que Jorge de Einghen hiciera por Castilla y el resto de España en el año 1457 – con otras curiosas miniaturas, también de reyes: como Ladislao, de Polonia; Carlos VII, de Francia; Juan II, de Navarra; Alfonso V, de Portugal y otros.

Ya Vallet de Viriville , por el año 1855, y en los Anales arqueológicos, alababa al dibujante que ilustró el códice y decía así refiriéndose al retrato del rey de Castilla: <<lleva en la cabeza un fez de color rojo: el vestido es negro, sobre negro, realzado con algunos afollados de lienzo blanco y se compone de una capa elegantemente plegada sobre un coleto de terciopelo: la espada, que es ancha, pende de un tahalí en bandolera y calza botas de piel, del color del curtido.

<< Su fisonomía inquieta, apasionada y enfermiza, presenta en alto grado el carácter iconográfico y tiene el sello de la personalidad>>

Viajes por EspañaDe este trabajo de Virville, se hizo eco, con su amena erudición, D. Antonio María Fabié, al publicar los viajes por España, de Einghen, Rosmithal, Güicciardini y Navajero, y lo ha recordado y renovado recientemente, en 1913, por el marqués de Laurecín, al informar para la Academia de la Historia, sobre el libro de D. J. B Sitges, titulado Enrique IV y la excelente señora Doña Juana la Beltraneja (1425-1530), de que más adelante hablaremos.

Hay que agradecer al marqués de Laurecín, la publicación de tan interesante miniatura, pero lo curioso del caso es, que salvo la perfección fotomecánica de las nuevas artes, del Arte de imprimir, este retrato era ya conocido y casi popular en España, pues apareció en el año 1582, en la edición que los conocidos Gaspar y Roig, hicieron de la Historia del P. Juan de Mariana; allí figura como uno de tantos grabados y allí quedó, hasta que ha venido a darle valor la publicación a que hacemos referencia.

codiceEl retrato incluido en el códice de Stuttgart, lo mandó hacer Jorge de Einghen, juntamente con las figuras de los otros reyes, cuando los visitó a todos <<en el año del nacimiento de Cristo de 1455 años>>

El códice lleva la fecha de 1467. No hace falta decir, después de lo ya indicado, que el retrato es de una admirable justeza, como lo comprueban, aun dentro de su peculiar diferenciación, los <<retratos morales>> y literarios que nos han dejado los cronistas opuestos, Alonso de Palencia y Diego Enríquez del Castillo, en sus respectivas obras sobre Enrique IV, los únicos cronistas que han hecho estas descripciones casi a la perfección.

Y querámoslo o no, y aun cuando más adelante, daremos cuenta de otras importantísimas fuente, privativas de este reinado, publicadas unas, casi ignoradas otras y varias documentales, todas las crónicas quedan reducidas a la dualidad, Palencia-Enriquez del Castillo, que aunque tenazmente el uno ataca y descubre, y el otro cubre y defiende al rey, se completan entre sí.

La crónica palentina ha sido traducida por el Sr. Paz y Melia: y del Capítulo II, del tomo I, que el autor subtitula Sus aficiones y partes de su cuerpo, tomamos lo que sigue.

 

Fuente: Segovia y Enrique IV – Antonio Jaén

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