Puertas de la Muralla de Segovia. Parte XII

Así caen iglesias, conventos, palacios y por supuesto, murallas y puertas como especial accidente urbano que cortaba comunicaciones y posibilidades de crecimiento a la ciudad. Aunque en el caso de Segovia, no obstante, la presencia de unos arrabales históricos ya consolidados unido a la falta de liquidez de los fondos municipales y al todavía escaso aumento de población emigrante, hicieron innecesaria la planificación de un ensanche que justificara como medida previa obligatoria el derribo de la muralla. Ésta pudo conservarse, por tanto, sacrificándose, eso sí, algunas de sus principales puertas, en concreto, las dos que comunicaban la ciudad con el mítico “camino de hierro” que suponía la llegada del ferrocarril a Segovia como única tabla de salvación para la arruinada y envejecida ciudad. Una de ellas, la de San Martín, supuso el derribo de la mejor y más importante puerta de la muralla segoviana, sin que la historia o el arte pudieran hacer nada para evitarlo. La otra es ésta de San Juan ya transformada en el barroco y ahora a finales del XIX definitivamente derribada.

Zemanta Related Posts Thumbnail  puerta San Juan. derribada en 1888

Todo comienza en los últimos días de 1867, cuando con fecha de 15 de diciembre el arquitecto municipal Nicomedes Perier finaliza la redacción del proyecto de alineación para arreglo de la Plazuela de San Pablo (actual Conde de Cheste) y calle de San Juan con un presupuesto de 1.332 escudos y 598 milésimas. Ese mismo año, y como consecuencia del citado proyecto, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando emitió informe negativo sobre el derribo del Arco o Puerta de San Juan (…) en vista de los datos recibidos acerca de su mérito histórico y de las fotografías que, del mismo, le fueron remitidas.

En consonancia con este dictamen, el 14 de enero de 1868 la Comisión Provincial de Monumentos puntualiza que respecto a la demolición del arco titulado de San Juan comprendido en dicho proyecto, que si bien carece de mérito alguno artístico, monumental é histórico por lo cual no encuentra inconveniente en su demolición por no afectar al arte ni a la historia, consideran debe respetarse y por consiguiente prescindir de  esta parte del proyecto no procediéndose, en consecuencia, a su demolición. Al día siguiente, el Gobernador Civil, atendiendo a esta súplica, decide aprobar el proyecto en todo lo concerniente al suelo y procediéndose con la mayor urgencia a la recomposición por administración y en términos propuestos por ese municipio, quedando el arco, muralla y petril tal como hoy día se encuentran, si bien este último se reparará de los desperfectos que tenga aunque guardándose la misma forma presente.

Pese a todo, el Arco seguía suponiendo un problema evidente que había que liquidar cuanto antes. No se entiende sino cómo seis meses después de este dictámen, la Real Academia de la Historia, en desacuerdo con la de San Fernando, solicitó con fecha 30 de junio de 1868 a la Comisión Interina de Monumentos Histórico-Artísticos de Segovia un nuevo informe, razonado y detallado, sobre la importancia histórica y artística del arco.

Dos de los miembros de esa Comisión de Monumentos se ocuparán de elaborar los informes: el arquitecto provincial Jose Asensio Verdiguer, encargado de la parte artística, y D. Carlos de Lecea y García dedicado a la parte histórica. Ambos eran contrarios al dictamen de la Academia de San Fernando, y por tanto también a lo establecido por el Gobierno Civil en enero pasado previo informe de la citada Comisió, pues como justifica el propio Lecea habiendo tenido la satisfacción de que el ilustre literato D. José Amador de los Ríos (…) propusiera después a la Academia de Historia, como individuo de su Comisión de Antigüedades, que no se suscitase ningún obstaculo a la demolición del arco, fundado en las mismas razones que los Sres. Asensio y Lecea, y si bien adornadas con la profunda erudición que distingue a tan entendido arqueólogo y literato.

De los dos informes emitidos, el de José Asensio no se ha conservado, por lo que sólo queda reflejado el juicio histórico razonado por Lecea.

joaquin_odriozola_y_grimaud_1844-1913Así las cosas, la vida del arco se prolongó por espacio de veinte años más, cuando se desmonta definitivamente en 1888 como consecuencia del nuevo proyecto de alineación, esta vez trazado por el arquitecto municipal Joaquín Odriozola en marzo de 1881 para las calles de San Agustín, Plazuela de San Pablo, calle de San Juan y Plaza del Azoguejo. La necesidad de conectar el centro de la ciudad con la nueva estación de ferrocarril mediante un tranvía que al final nunca existió fueron razón más que suficiente para su definitiva desaparición.

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Autor: Miguel Angel Chaves Martín

FUENTE: Asociación Cultural Plaza Mayor de Segovia

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