Puertas de la Muralla de Segovia. Parte XI

La Puerta de San Juan

Casa del Marqués de Lozoya

Casa del Marqués de Lozoya

El otro gran baluarte defensivo de la ciudad, la Puerta de San Juan, no sólo se vio radicalmente alterado durante el Barroco, sino que también conoció las necesidades de progreso de la sociedad decimonónica y corrió la misma suerte que la ya comentada Puerta de San Martín.

La puerta original, medieval, era un gran baluarte defensivo en el flanco nororiental de la muralla, amparado por las casas fuerte de los Cáceres (actual Casa del Marqués de Lozoya) y los Marqueses de Moya (conocida como Casa de las Cadenas).

Esta primera puerta sería reemplazada por otra mucho más simple, sin el carácter militar de la 1374778_213101712198608_683743754_nanterior, a comienzos del siglo XVIII. Según diseño de Juan de Ferreras de 1705,  siguiendo criterios compositivos y artísticos muy similares a los que el mismo arquitecto estaba ejecutando en las Puertas de la Fuencisla y de Madrid, el resultado fue más bien un arco de acceso a la ciudad  no ya la puerta, con esa idea de espacio de comunicación pero también de separación física por medio de batientes, que tenía la original. Arco, por tanto, apoyado por un lado a la muralla a la altura del Palacio de los Marqueses de Moya (Andrés Cabrera y Beatriz de Bobadilla), y por otro al petril con lienzo de muralla que enlazaba con la Casa de los Cáceres.

Tanto el exterior como el interior presentan el mismo diseño. Arco de medio punto en el que se marca la traza de las dovelas, con una leve moldura lisa en las enjutas que da paso al cuerpo superior de remate mediante coronamiento de bolsas sobre pedestales y escudos reales entre pilastras cajeadas, representando a la ciudad el interior, y con los cuarteles de Castilla y León, toisón de oro y corona real, el exterior, actualmente reubicado en el muro de la Casa del Marqués de Lozoya sobre la hornacina que alberga la estatua sedente de la Virgen de los Remedios, copia de la original románica.

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Pero tampoco esta puerta barroca pudo aguantar las ideas de progreso y renovación que el siglo XIX quiso traer a una ciudad empobrecida, sin industria, con una economía de subsistencia y un caserio pendiente de renovación ante el evidente deterioro de sus fábricas. Y frente a la restauración o conservación del patrimonio arquitectónico, todavía falto de criterios y métodos científicos generalizados en esos años, las medidas higienistas, la especulación y el deslumbramiento por las nuevas comunicaciones y los grandes y rectilíneos trazados urbanos de las principales ciudades europeas, fueron llevando poco a poco a todas las demás hacia la destrucción sistemática (en la medida de sus posibilidades económicas) de aquel pasado monumental que todavía no se entendía como memoria histórica necesitada de comprensión y cuidado, sino como un impedimento, un estorbo físico al progreso imparable de la modernidad.

Autor: Miguel Angel Chaves Martín

FUENTE: Asociación Cultural Plaza Mayor de Segovia

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