Primera piedra del Monasterio de El Escorial.

piedra_granito_leyendaDesde el proyecto de la Ruta de los Sexmos, defendemos desde el primer día, el origen de las famosas piedras de granito tallado en forma de canal que la Comunidad de la Ciudad y Tierra de Segovia, entregó a todos y cada uno de los pueblos asociados a un Sexmo allá por 1.988.

La historia original, nos dice que estas piedras fueron extraídas y talladas para canalizar agua desde Peguerinos, hasta su vecino pueblo, Zarzalejos, pero siempre hemos creído que tal empresa sería muy costosa para estos pequeños pueblos, pero si puede ser costeado por un monarca para un gran proyecto.

La hipótesis, de que estas famosas piedras pertenecían al ambicioso proyecto del monarca Felipe II para canalizar las aguas del Monasterio de El Escorial, se basan en las lecturas de los diferentes textos sobre la construcción de dicho monasterio y de la localización de las canteras donde se extrajeron estos monolitos.

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Canteras de Navalacuerda (Peguerinos)

En la actualidad, las canteras de Navalacuerda en Peguerinos (Ávila) aún conservan algunas de estas piedras talladas en sus alrededores esperando a esos curiosos visitantes que aprecian la historia de España.

A día de hoy, algunos pueblos segovianos consideran este monumento como parte de su patrimonio histórico-cultural y han sabido mostrar a todos el valor y la historia de la piedra, conservándola y sobre todo, colocando este monumento en un digno lugar a la vista de todos.

Otros pueblos sin embargo, han dejado tirada en una cuneta o olvidada en una era, este monumento que esconde un misterio y un origen histórico muy interesante.

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Hoy, 13 de Septiembre de 2013, han pasado 450 años desde que se colocó la primera piedra del monasterio. Si nos fijamos bien en las dimensiones, la textura y la forma de la misma, tiene mucha semejanza  a las famosas piedras que tratamos en este artículo.

Debajo de la silla prioral de la sacristía está la primera piedra

Piedra_EscorialEn 1562, un año antes de la colocación de la primera piedra, se preparó el terreno y se abrieron zanjas para construir los cimientos, en un paraje solitario junto a la humilde aldea de El Escorial. El padre Sigüenza explica que el 23 de abril de 1563 «le pareció a Juan Bautista de Toledo que era ya tiempo de comenzar la fábrica y asentar la primera piedra, fundamento de todo el cuadro y planta: juntó a los aparejadores y oficiales, llamó a los religiosos para que se hallasen presentes (no pudo subir el Prior al sitio porque estaba fatigado); el Vicario y los demás que hemos nombrado llegaron al medio de la zanja, que estaba abierta en la línea y perfil que mira al Mediodía, que es ahora debajo del asiento del Prior en el refectorio, en la mitad de aquel lienzo o fachada». Los religiosos y los circunstantes –el rey no estaba presente– se pusieron de rodillas y bendijeron el lugar. A continuación tomaron una piedra ya aparejada en cuyos lados aparecía inscrito «el nombre del fundador y del arquitecto, el día y el año en que se asentaba». Acto seguido se fueron todos a comer a la villa de El Escorial.

Durante siglos se desconocía la localización exacta de esta piedra angular, hasta que en 1971 se descubrió durante la construcción de unas nuevas cocinas en el monasterio. Mide 40 centímetros de alto y 1,60 de largo, y en una de sus caras se puede leer la siguiente inscripción: «Dios óptimo máximo, vele por esta obra».

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Todo está listo para el almuerzo de los monjes en el Refectorio, presidido por una copia de un lienzo de Juan de Juanes. Justo debajo de la silla prioral se halla la primera piedra del monasterio, colocada en 1563. Para llegar a ella bajamos empinadas escaleras, pasamos estrechos pasadizos… Una sala abovedada cuenta con enormes tinajas. En una está escrito: «Pa que no nos falte». Toda una declaración de intenciones… La magia del momento de hallarnos en las mazmorras del monasterio en busca de la primera piedra (lo más cerca que estaremos nunca de Indiana Jones) queda rota por unos coches aparcados muy cerca, que nos devuelven a la realidad.

La piedra en cuestión, que se descubrió en 1971, está tras una puerta. Solo es visible una cara: está inscrito, en latín, el nombre del Rey. En las caras ocultas, otras inscripciones: una en recuerdo del arquitecto Juan Bautista de Toledo (murió cuatro años después). En los pasillos del monasterio nos presentan al padre Gonzalo, que durante 18 años fue prior. Es una institución. «Se querían llevar la piedra a un museo, yo no lo permití», dice con orgullo.

La sombra de Felipe II

Son innumerables las curiosidades del monumento: su diseño en forma de parrilla, la sala de los secretos (su acústica permite hablar de un rincón a otro sin smartphones de por medio), la preciosa Lucerna en las galerías de clausura, una meridiana solar con signos del zodiaco en el suelo del Palacio de Felipe II, las «Necesarias», un sistema de canalización de aguas del edificio; el Pudridero, custodiado por los agustinos, donde se instalan durante años los restos mortales de Reyes y Reinas antes de pasar al panteón…

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Canalizaciones en granito

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