Otros personajes y familias de Segovia. Los Mejía

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Vivienda señorial en Garcillan

Dos personajes masculinos centran la documentación de esta familia, se trata de Luis Mejía y de Rodrigo Mejía. Luis Mejía era regidor de la ciudad desde tiempo de Enrique IV; en 1457 surge un conflicto en torno a una heredad que le pertenecía en un lugar de Garcillán, en el sexmo de San Millán, cuando Luis Mejía hace una venta y cesión de cierta renta, que él denomina censo, en ese lugar por el precio de 150.000 mrs. La renta en censo perpetuo supone ciento veinte fanegas de pan, veinte pares de gallinas y cincuenta angarillas de paja. Dicha renta procede del compromiso colectivo, asumido por el concejo de Garcillán con el regidor Luis Mejía, a cambio de que éste obtuviera del rey Enrique IV ciertos derechos que librasen al dicho lugar de los daños de que era objeto por parte de los caballeros de la corte de ese rey, mientras permaneció en Segovia. Según parece, el regidor obtuvo esos derechos, que en definitiva venían a dar algunas normas para la ocupación de posadas en la ciudad y en la Tierra de Segovia, en el año 1477.

Al concejo de Garcillán, reunidos alcaldes y regidores, se le comunicaba la noticia de la venta efectuada por Luis Mejía y éste se debió de oponer a formar parte de la transmisión de la heredad de Santa María de los Huertos, tal y como se establecía en el contrato de venta, y a pasar a comprometer perpetuamente la renta acordada con Luis Mejía. En 1480, los vecinos del lugar de Garcillán inician un pleito contra este señor. El conflicto planteado, entre las partes mencionadas tuvo que repercutir en el comprador, que ya no era Isabel Arias, sino el Monasterio de Santa Clara de la ciudad de Segovia, a quien había transmitido la mayoría de sus bienes en testamento.

En 1486 se dicta sentencia sobre el conflicto planteado entre las tres partes y ésta va dirigida contra Luis Mejía, a él, a sus herederos y sucesores se les condena a pagar al convento de Santa Clara las cuento veinte fanegas de pan, veinte pares de gallinas y cincuenta angarillas de paja. Saliendo él como único responsable de esa cesión y venta. Los aspectos que llama la atención de todo este proyecto son varios, en primer lugar la capacidad del regidor para hacer valer su posición en la ciudad de Segovia, próxima al rey y para obtener de los vecinos del lugar de Garcillán beneficio en su provecho particular. De esta forma su heredad, que a falta de mano de obra podría ser casi un lastre, se convierte en una fuente de riqueza, cuando los vecinos del lugar aceptan hacerse cargo de su explotación de forma colectiva, respondiendo solidariamente de la entrega de una renta anual en trigo, bastante cuantiosa. Luis Mejía debió de aprovechar esta revalorización para enajenar cuanto antes dicha heredad y fijar así de una forma distinta las condiciones de dicha renta. La reacción de los vecinos impidió que la situación se consolidara en su perjuicio, pero sirvió para poner de manifiesto algunos aspectos de los métodos utilizados para conseguir la revalorización de las tierras, localizadas en los distintos lugares de la Tierra de Segovia.

De nuevo vuelven a surgir problemas por la heredad de Santa María de los Huertos, cuando los Mejía, como parientes se oponen a la venta que Luis Mejía ha hecho de su parte, en la dicha heredad, al deán y Cabildo de la iglesia catedral, alegando que dicha heredad estaba indivisa y que no se podía vender según consta en una cláusula del testamento de Gonzalo de Mejía de Virués.

Rodrigo Mejía no mantiene ningún cargo en el concejo, es vecino de Segovia y de él se ha conservado la documentación que alude a una heredad que poseía en Valdelaguna, en el sexmo de Valdemoro y por razón de la cual se encontraba en pleito con doña Aldonza de Vivero, condesa de Osorno. En 1409 las hijas y la mujer de Rodrigo se disputaban las condiciones de su testamento, ya que aquéllas exigían la partición de la herencia de su padre y que se les entregara la parte que les correspondía, al monasterio de Santo Domingo, en el cual profesaban religión. La actitud de Catalina puede ponerse en relación con el caso antes citado de la heredad de Santa María de Huertas, convertida en heredad indivisa. En ambos casos predomina el criterio de no dividir el patrimonio familiar, y a falta de un mayorazgo que lo vincule perpetuamente, la oligarquía urbana se aferra a disposiciones testamentarias de carácter general, que impidan el desmembramiento.

Fuente: Segovia. La Ciudad y su Tierra a fines del medievo – Maria Asenjo Gonzalez

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