LOS AVANCES DEL FEUDALISMO EN EL TERRITORIO MADRILEÑO

A la altura de 1369, momento de la entronización de la dinastía Trastámara, el territorio madrileño estaba fraccionado en cuatro grandes jurisdicciones: Madrid, Segovia, Toledo y la Orden de Santiago, junto a una reducida presencia de Sepúlveda, en el borde noreste, y de Avila en Tierras de Bonilla (Pelayos de las Torres) y de Navamorcuende (Valdequemada). Sobre este contexto se opera el nuevo empuje feudalizante puesto en marcha desde finales del siglo XIV por los Trastámaras. Sería prolijo caer en una enumeración exhaustiva de la casuística del proceso; baste señalar, a modo de ejemplo, los casos más significativos. En líneas anteriores nos referimos a la cuestión del Real de Manzanares. En efecto, la cesión que el rey Juan I efectuó el 14 de octubre de 1383 en la persona de su mayordomo Pedro González de Mendoza, ya señor de Hita y de Buitrago desde 1366, del señorío jurisdiccional en aquella zona, marca una estrategia paradigmática de la consolidación nobiliaria en la Baja Edad Media, que actuará de instrumento reproductor del poder económico y social de la nobleza hasta el siglo XIX. 

En esta evolución la institucionalización del mayorazgo, en 1505, desempeñó un papel de primer orden. En el caso que nos ocupa la cesión del señorío jurisdiccional en 1383 desembocó en la formación de un amplio patrimonio territorial, bajo la forma de propiedad amayorazgada, a partir de 1385. Los Mendoza sacaron provecho tanto de su proximidad a la figura del monarca como de la calidad de realengo de aquella zona, en la que cualquier poblamiento llevado a cabo desde el siglo XII era considerado ilegal; de ahí, la ausencia de resistencias a esa ampliación patrimonial. La ascensión de la familia Mendoza culminó en agosto de 1442 cuando Juan II creó los títulos de marqués de Santillana y conde el Real de Manzanares, concedidos a Iñigo López de Mendoza.

Otro caso destacable es el de la familia Luna en Fuentidueña del Tajo. Don Alvaro de Luna, condestable de Castilla durante el reinado de Juan II desempeñó un papel de primer orden en las disputas que aquellos años atravesaron Castilla, hasta el punto que cuando fueron despojados de sus bienes los Infantes, como recompensa a la campaña que dirigió en Extremadura contra los rebeldes a Juan II fue nombrado Maestre de la Orden de Santiago. Ocasión que aprovechó para fundar un mayorazgo en Fuentidueña de Tajo, por entonces perteneciente a la Encomienda Mayor de Castilla de la susodicha Orden Militar, que dejó a su hijo Pedro de Luna. Felipe III en reconocimiento de los servicios prestados por los Luna a la corona creó el condado de Fuentidueña en la persona de Alvaro de Luna y Sarmiento, séptimo señor de la villa, condado que posteriormente fue a parar a manos de los Portocarrero, los condes de Montijo y, finalmente, a la Casa de Alba ya en el siglo XIX. El proceso seguido por los Luna en Fuentidueña es interesante, a través de él podemos observar como se constituyó una propiedad nobiliaria sobre las tierras de las Ordenes Militares, merced al cargo de Maestre de la Orden de Santiago que ostentó Alvaro de Luna, una vez instituido el mayorazgo éste se mantiene en vigor a pesar de que con la disolución de las Ordenes Militares en tiempos de los Reyes Católicos pasan sus propiedades a manos de la Corona. Posteriormente el mayorazgo sirve de base para la concesión del título de condes de Fuentidueña. En el señorío de los Luna también cayó Alamin, con sus aldeas: Villa del Prado, Aldea del Fresno, Villamanta, etc. en el extremo suroccidental de la provincia actual, que aprovecharía D. Alvaro de Luna para hacerse con el señorío de San Martín de Valdeiglesias.

En esta ocasión una pequeña villa, que había adoptado el Fuero de Toledo de 1118, cae bajo el dominio señorial incapaz de resistir la presión feudalizadora de los Luna, cuyo papel preponderante durante el reinado de Juan II hacia prácticamente inútil toda resistencia. Distinta trayectoria tuvo San Martín de Valdeiglesias. Hacia 1148 en la zona vivían algunos monjes repartidos entre las diversas ermitas del contorno, el rey Alfonso VII concedió al abad Guillermo, de la regla benedictina, la posesión del valle aún despoblado. Años después, el 1 de septiembre 1177, se hicieron cargo del monasterio los monjes cistercienses, en 1180 los monjes dispersos por el valle bajaron al monasterio, otorgando Alfonso VIII carta puebla del valle. Las exenciones tributarias y el cultivo de la vid atrajeron a numerosos colonos, muchos de ellos “forajidos y gentes maleantes” (sic), que entraron en disputa con el monasterio. Con el fin de someter a los pobladores el abad de la Espina, con la aprobación de Roma, cedió el señorío temporal a D. Alvaro de Luna, maestre de Santiago, por 30.000 maravedises de juro perpetuo sobre las villas de San Pedro y Covaleda. Los habitantes no reconocieron el dominio del condestable, pero su resistencia fue finalmente vencida, ya que en 1522 Carlos V confirmó el censo de 20.000 maravedises que el duque del Infantado debía pagar al monasterio “por el servicio y montazgo que le fue traspasado así como por todos los derechos sobre la villa”. El traspaso del señorío a la casa de los Mendoza fue fruto de la caída en desgracia de don Alvaro de Luna, siendo ajusticiado en Valladolid el 2 de junio de 1453.

Consecuencia de la debilidad de la dinastía Trastámara y a los permanentes enfrentamientos entre distintas banderías encabezadas por la nobleza, las concesiones de señoríos fueron numerosas en el territorio madrileño, además de los ejemplos reseñados datan de la misma época los extensos dominios del conde de Puñorrostro, cuyos antecedentes se remontan en la zona a 1332, cuando Alfonso XI cedió Torrejón de Velasco a Sebastián Domingo, y que abarcaban en el siglo XVI las localidades de Casarrubuelos, Cubas, Griñón, Batres, parte de Moraleja de Enmedio, El Alamo y Villamanta. En 1480 Isabel de Castilla segregó el Sexmo de Valdemoro de Segovia, cediendo el señorío a Andrés Cabrera; el 1 de mayo de 1520 fue creado el título de conde de Chinchón por Carlos V, en la persona de Fernando de Cabrera.

Fuente: Pendiente de Migracion

 

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