La Morería de Segovia. Parte VI

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mapa_segovia… A la poca numerosa población musulmana que permaneciese en la ciudad se fueron uniendo, al correr de los tiempos, otros de sus hermanos de religión. Quizás este acrecentamiento tuviese lugar en el reinado de Enrique IV que, como el de Pedro el Cruel representa una regresión hacia el arte y el tenor de vida musulmanes que prevalecen sobre lo europeo, triunfante en los siglos XII y XIII. Un viajero bohemio, el Barón de Rosmithal, nos describe al rey como un moro en su vestido y en sus maneras. Sus fábricas en los reales alcázares señalan el triunfo del mudejarismo, que se enriquece con las frondas del último gótico salvaje-caballeresco. Tenía en Segovia una guardia de moros y su afición a los musulmanes fue una de las causas que alegraron los señores que tomaron parte en la “Farsa de Avila“.

Farsa de Avila

Farsa de Ávila. Atentado contra Enrique IV

alcazarsegoviaEs posible que alguno de estos soldados que dieron nombre a la “galería de moros”, en el Alcázar de incorporasen a la morería. Es seguro que viniesen a Segovia algunos de los moriscos expulsados de Andalucía con ocasión del levantamiento de 1568. De aquí que en el censo de la Morería segoviana de 1594, publicado por Claude y Jean-Paul Le Flem figuren apellidos “de Córdoba” o “de Jaén, de Loja, de Baena”, que pueden significar procedencia. Los Le Flem hacen notar que desde el censo de 1581, publicado por Henry Lapeyre al de 1584, que ellos mismos publican, la morería segoviana casi duplica el número de sus habitantes, a expensas de la población morisca esparcida por los pueblos de la provincia.

Los referidos historiadores atribuyen esta prosperidad a que el rigor creciente contra los vestigios del islamismo en España incitase a los moriscos de los pueblos a buscar la relativa seguridad del barrio segoviano. “En una época en que las amenazas del Santo Oficio se hacían cada vez más precisas… las ciudades ofrecían más seguridad. La antigua Alfama segoviana en torno a San Millán, era, aun cuando provisional, asilo bastante seguro para intentar una asimilación tardía o prevenir un destierro”. En los pueblos las malquerencias, los espionajes y las delaciones son más frecuentes que en una ciudad.

Sin duda, la asimilación de los moriscos a los cristianos viejos debió de ser constante a lo largo del siglo XVI. Aquellos artesanos humildes, callados y laboriosos no inspiraban, como los judíos, odio ni envidia. Contribuirían a que muchos moriscos se diluyesen entre la plebe segoviana las medidas que les obligaban a hablar, a vestir y a comportarse como ella. La Real Pragmática de 7 de diciembre de 1526, reiterada en 1528, no solamente prohíbe trajes, prácticas y amuletos que recuerden el Islam, sino los apellidos de origen arábigo. Y, en efecto, los pocos nombres que conocemos de moriscos segovianos del siglo XV son arábigos, en tanto en el censo de 1594 no hay ni uno solo que no sea castellano.

Muchos de ellos tienen regusto nobiliario: Ribera, Herrera, Aguilar, Mendoza -éste muy escritura_07frecuente-. ¿Como se haría la adopción del nuevo nombre? Lo más lógico es el patronímico, fácil de deducir. Abundan también los de procedencia (de Loja, de Córdoba, de Jaén, “Portugués”). Acaso algunas familias nobles “adoptasen”, en cierta manera a sus renteros o servidores, dándoles su apellido, como hizo la nobleza mallorquina con los “chuetas” o los virreyes españoles con  los indios de América. Los enlaces matrimoniales entre las dos razas eran relativamente frecuentes: en 1594 había en Segovia cinco moriscos casados con cristianas viejas y tres moriscas con cristianos viejos. El censo de ese año señala para la Morería segoviana 748 individuos entre ambos sexos y de todas las edades.

FUENTE: La Morería de Segovia – Marqués de Lozoya (Conferencia pronunciada en el Salón de Actos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas el día 12 de diciembre de 1966). Instituto de Estudios Africanos.

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