La Comunidad y Tierra de Segovia. Capítulo Segundo– Parte II

Perdida de España.- Suerte que cupo a Segovia a la invasión de los árabes.- Su destrucción y sucesiva repoblación, en varias épocas, por sarracenos y cristianos.- Alfonso VI restaura y se sirve de sus hijos para la reconquista de Madrid y de Toledo.- Proezas de los segovianos en aquella parte de Castilla y en Andalucía.- Ocupan, ganan y poseen inmensos territorios, desde la parte de allá de la sierra, y se extienden por las riberas del Alberche, del Jarama, del Tajuña y del Tajo.- Otras adquisiciones.- Reconocimientos por los Reyes de todo lo que adquirieron, y repetidas confirmaciones y privilegios.- D. Alfonso VII, el Emperador, deslinda y demarca por si mismo sus confines con Avila. -Legitimidad de sus títulos de dominio.

calzadas… Probable, y más que probable, seguro que a no dudarlo, que apartada entonces Segovia de los itinerarios que llevaron por las grandes vías romanas los ejércitos musulmanes de Taric, Muza y Abdelasis en sus triunfales expediciones, desde Sevilla por Mérida a Salamanca, o desde Córdoba por Toledo y Guadalajara a Zaragoza, o desde esta población por Logroño y Amaya a León y Astorga, o por Clunia, San Esteban de Gormaz y Palencia hasta Oviedo, no sintiese extremadamente los rigores del infortunio, ni sufriera el horror y la desolación que, más tarde y en repetidas ocasiones, habían de padecer sus habitantes(1).

arabes-invasoresNo; no fue entonces cuando Segovia y la población hispana en general, fueron victimas de las grandes depredaciones, del exterminio y de las ruinas que el Rey Sabio refiere con dolorido acento en las tristísimas páginas de su famosa Crónica(2), donde después de dar cuenta de la rota del Guadalete, describe la perdida de España y su llanto incomparable. La catástrofe no se dejó sentir al principio en toda la intensidad del infortunio: fácil la ocupación, cual ya se ha dicho, y sin los tremendos sacudimientos y convulsiones que en sí llevan siempre los atentados de cualquier género a la integridad de la patria, sólo cuando, después de resonar en las comarcas andaluzas el grito de

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independencia lanzado en las montañas de Asturias por el inmortal Pelayo, se estrelló impotente el alfanje musulmán contra los riscos de Covadonga, mejor dicho, sólo cuando el espíritú cristiano  el nacional comenzaron a reanimarse al amparo de la naciente Monarquía asturiana, dando lugar a la serie de triunfos alcanzados por Alfonso I el Católico en sus expediciones victoriosas por Galicia, Lusitania, Castilla, Cantabria, Vizcaya y hasta los confines de Aragón, sólo entonces puede decirse inaugurado el periodo de saña, encarnizamiento y furor de la titánica lucha, prolongada por cerca de ocho siglos, con el nobilísimo y santo fin de la defensa de la fe y de la reconquista de la patria.

Asturias con Alfonso I

En aquella sangrienta correría del primer Alfonso, no quedó un pueblo importante de Castilla, sin exceptuar nuestra Segovia, Coca y Sepúlveda, donde los sarracenos no fueran pasados a cuchillo, arrasadas sus moradas, destruídas sus fortificaciones y sometidos a esclavitud sus hijos y sus mujeres bajo el dominio del Monarca asturiano, a quién los descendientes de Mahoma llamaron Adefuns el terrible. Arrolados de esta suerte los sarracenos de toda esta región, grande recursos y elementos se llevaron de ella los soldados de Alfonso para fortificar su ya poderoso reino, que a la sazón se extendía por toda la costa, desde Lusitania hasta los Pirineos, ocupando el país más montañoso y mejor de la península, para tenaz e invencible resistencia.

FUENTE: La Comunidad y Tierra de Segovia. Estudio Histórico-Legal. D. Carlos de Lecea y García

(I) Quien desee conocer a fondo, como y de que manera entraron los árabes en España y los medios de que se sirvieron para ocuparla, puede leer el curiosísimo e interesante libreo recientemente publicado, por el docto Académico y entendido orientalista, don Eduardo Saavedra, con el título de Estudio sobre la invasión de los árabes en España.- Madrid.- Imprenta de El Progreso editorial, 1892. – Es el trabajo más completo y acabado acerca del particular.

(II) Crónica general de España por el rey D. Alfonso el Sabio, páginas 202 y siguientes.

 

 

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