La Comunidad y Tierra de Segovia. Capítulo Primero – Parte VIII

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Autor: Rubén Pascual Lopez

Autor: Rubén Pascual Lopez

 … Con tan considerable cantidad se reedificaron, por el célebre Fr. Juan de Escovedo, los treinta y seis arcos del Acueducto que estaban arruinados, y se repararon las murallas de la Ciudad, sus fuentes y puentes, y se construyeron de nueva planta el que entre la Alameda y la Casa de la Moneda da paso para ir al Parral, el del Soto, o sea el antiguo de los Lavaderos, el de Bernardos y el de San Pedro de las Dueñas; y se reconstruyeron los de Oñez, El Espinar, Guijasalvas, Sacramenia, jurisdicción de Valverde, la Irbienza, término de Martín Muñoz de las Posadas, Sotosalvos, Colmenar del Arroyo y el de Robledo de Chavela, todos ellos situados en los sesmo de la Tierra, con algunas otras obras más, de importancia(1). En diversas ocasiones se han reparado del mismo modo los de Carracuéllar, la Cañada, el ya citado del Soto y otros varios en distintos puntos de la Comunidad, lo mismo que los caminos públicos, cuando se ponían intransitables, si que Segovia se opusiese a las obras convenientes a los pueblos comuneros sus asociados, ni estos a los de la conservación de las entradas y salidas de Segovia, los del Acueducto y sus guardas, fuentes y caños, que eran cargas de la Comunidad, juntamente con el Ayuntamiento de esta población.

 VIA-VERDE-072En los últimos tiempos, en aquellos desdichados años en que Segovia lamentaba amargamente el aislamiento en que había quedado por la construcción del ferrocarril del Norte, fuera de su demarcación provincial, y se disponía al mayor de los sacrificios en favor de quien la dotara de vía férrea, la Junta de investigación y administración de la Comunidad, interpretando los deseos de los pueblos y sus representados, no tuvo reparo en asociarse al proyecto de aquella obra. Un negociante famoso cuyo nombre, harto conocido en España y en el extranjero, era entonces la mejor garantía del éxito, ofreció construir un ferrocarril de Madrid a Valladolid por Segovia, siempre que la provincia le facilitara ochenta millones de reales. El Ayuntamiento de la Capital se suscribió por la tercera pare de esa suma próximamente: el Espinar, Turégano y la inmensa mayoría de los pueblos, cuyos propios habían sido ya vendidos, comprometieron crecidos capitales; los propietarios segovianos hicieron entonces el mayor alarde de desprendido patriotismo, y la Comunidad y Tierra, a pesar de que no tenía aún terminada su Concordia con el Ayuntamiento, no tuvo reparo en ofrecer y subscribir, para tan importante obra, nada menos que 3.960.590 reales, o sea la mayor parte del capital que la correspondía a la sazón, en las inscripciones emitidas a cambio de sus bienes desamortizados(2).

Esta buena unión y concordia entre la Ciudad y los pueblos no debe desaparecer jamás, por ser en interés de todos, siendo muy de lamentar que, al hacer Segovia el enorme donativo de millón y medio de pesetas para la realización definitiva del camino de hierro a Villalba, la Comunidad, que treinta años antes, tan dispuesta estuvo a favorecerle, y que al fin y al cabo, algún beneficio ha reportado y reporta aquella obra a gran número de sus pueblos, no haya contribuido con la más pequeña parte siquiera de tan crecida subvención. Tal vez no se plantease el asunto en los términos debidos: tal vez alguna diferencia de intereses lo impidiera. Fuese la que quisiera la causa, que por otra parte no viene al caso, y reconociendo el derecho absoluto de los sesmos a favorecer o no a la Ciudad, según fuere de su agrado, la conveniencia de unos y otros aconseja a nuestro entender, que este linaje de asuntos, de interés público y general, se resuelva siempre, no por el estrecho criterio de los intereses materiales, sino con la grandeza y la elevación de miras que siempre animó a la Ciudad y a los sesmos en sus mutuas relaciones, principalmente en todo lo relativo al brillo y esplendor de Segovia y su Tierra(3).

(1) Son infinitos los repartimientos girados entre la Ciudad y los pueblos de la Tierra en los siglos precedentes, para atender a las obligaciones comunes, tanto de cargas generales y pleitos, como de tributos, donativos, homenaje a los Reyes, obras públicas en el territorio de la Comunidad y otra atenciones. Hemos citado los repartimientos que publicó Somorrostro, por ser los más conocidos y cuantiosos.
(2) No se comprende hoy, por las personas que no alcanzaron la época aquella de frenético delirio por tener ferrocarril., después que con la mayor injusticia se acordó el trazado del Norte, por donde jamás debió de haberse dirigido, el espíritu de sacrificio que animaba a la provincia en general y a los habitantes de Segovia y a todos sus Municipios en particular. Nada tiene, pues de extraño que al presentarse el celebre D. José Salamanca, en el Ayuntamiento y en la Diputación, proponiendo hacer un camino de hierro desde Madrid a Valladolid, pasando por Segovia, si se le daban ochenta millones de reales, se subscribiese muy luengo aquella suma. La lista de suscripción de tan enorme capital, corre impresa al final del informe, publicado en 1864 por nuestro Ayuntamiento, en un folleto: allí aparece Segovia suscribiendo 25.872.297 reales; la Comunidad de este nombre, lo que se expresa en el texto; el Municipio del Espinar 12.571.316 reales; la Comunidad de Cuellar 4.000.000; más de tres la de Pedraza; uno y pico la de Sepúlveda, y así sucesivamente casi todos los Ayuntamientos de la provincia e infinitos particulares. Fracasado aquel proyecto, que habría sido la ruina de la provincia entera, a juzgar por lo poco que producen los ferrocarriles españoles, contra lo que entonces se esperaba y se creía, aún  tomó otros acuerdos el Ayuntamiento en el sentido de conceder todo su caudal de propios, a la empresa que hiciese el ferrocarril. La ofensa inferida a Segovia, al postergarla en este asunto, entraba por mucho en tan expléndidos ofrecimientos. Así se explica que creyendo interpretar el Municipio segoviano el deseo público de no quedarse sin ferrocarril, subvencionaría el de Villalba con millón y medio de pesetas: sensible ha sido y sera siempre este sacrificio, que trae atrasados los presupuestos municipales; pero en medio de todo, debemos alegrarnos de que no se realizase el proyecto de D. José Salamanca, que, atendido lo que hoy vemos, habría arruinado la hacienda municipal en nuestra provincia, contra las esperanzas concebidas entonces por la opinión pública, del modo más unánime.
(3) No ha contribuido sólo la Comunidad a la prosperidad material de Segovia, sino también al sostenimiento del culto de Nuestra Señora de la Fuencisla, Patrona de la Ciudad y de su Tierra. Sabido es que cuando la Imagen de la Excelsa Señora, se restituye procesionalmente desde la Ciudad a su Santuario, pasadas las calamidades que motivan su venida al templo Catedral, para encomendarse a ella y tenerla más cerca en los momentos de peligro, asisten a este acto, tan solemne y conmovedor de acción de gracias, el Clero con sus sagradas insignias y los Ayuntamientos de casi totalidad de los pueblos comuneros, situados de la parte acá de la sierra, honrando por tal modo a su Patrona y protectora. A parte, otros muchos donativos hechos por la Comunidad en los pasados siglos, podemos citar en los últimos años, aún después de que cada Corporación maneja sus fondos con entera independencia, uno de mil quinientas pesetas que en 19 de Noviembre de 1.865 hizo la Junta de investigación y administración para continuar los trabajos de explanación frente a la Ermita y otro de igual suma de mil quinientas pesetas en 1.886, para auxiliar al Municipio de Segovia en los gastos de la ultima bajada de la Imágen a su Santuario. Conveniente es que no se pierdan esta tracidión ni estas buenas costumbres, a fin de que la Señora, que a todos protegió y protege con su favor infinito, no se olvida por ninguno.

 FUENTE: La Comunidad y Tierra de Segovia. Estudio Histórico-Legal. D. Carlos de Lecea y García

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