Gobierno y representación de la Ciudad y de la Tierra. Parte XIV

Intervención de la monarquía en el hacer jurídico del concejo.

consejo_realLa presencia de los agentes del poder monárquico y de sus directrices sobre competencias legislativas del concejo es una constante a lo largo de estos años. El poder de los monarcas se hace palpable en el ámbito urbano a través de una correspondencia continua, por medio de la cual hace sentir el peso de su opinión por los diversos y variados asuntos que afectan al mundo de la ciudad y de su Tierra. La intervención de la monarquía busca:

a) Dar normas y consejos para hacer de la normativa del concejo urbano, de sus leyes y privilegios, un Corpus organizado, que permita un fácil manejo y en consecuencia la utilización y conocimiento de unas normas y privilegios reales, y así impedir el vacío legislativo o la repetición de leyes, con el consiguiente conflicto que esas situaciones provocan.

Desde 1.493 se reciben en Segovia varias cartas y provisiones dirigidas al concejo, al corregidor y al escribano, encomendándoles que ponan orden en el concejo y mandando:

– Que se pongan en libros encuadernados las sentencias y ordenanzas que se conserven sobre el gobierno de la ciudad, a fin de que no se pierdan.

– Que el escribano del concejo tenga dentro de la casa donde se reúna el Cabildo, un arca, donde se guarde un libro, en el cual se asienten por extenso, todos los autos y cosas que se hiciesen en los ayuntamientos y que allí se acordasen y que dicho libro no salga del edificio del cabildo. Se trataba del libro de <<Actas y acuerdos>>.

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– Que el corregidor se encargue de recopilar aquellas escrituras que permanecieran dispersas por la ciudad, en poder de particulares. Que una vez localizadas pasen a poder del escribano del concejo y que éste, despues de sacar copia, las encierre y guarde en el arca.

No sabemos si lo ordenado por sus altezas fue puesto en práctica inmediatamente, aunque es fácil sospechar que el desorden permaneciera por cierto tiempo en el concejo. Sin ir más lejos, las primeras y aisladas actas que se conservan en un libro corresponden al año 1.503, casi diez años más tarde. La plasmación por escrito de los acuerdos del cabildo era también una garantía de cumplimiento de lo acordado para aquellos que no participaban en las decisiones del concejo – linajes, comunidad y procuradores de la Tierra- que sin duda estarían interesados en encauzarlo y hacerlo valer.

b) Participar también, disponiendo sobre escribanos y oficiales para vigilar y agilizar su gestión, en favor del buen funcionamiento del aparato de justicia en la ciudad y la Tierra.

c) Actuaron los monarcas, como un poder equiparado que legislaba en cuestiones diversas. Por lo general cuando así procedían, lo hacían atendiendo a alguna petición concreta que se eleva hasta su instancia, para pedir cumplimiento de justicia.

En este apartado actúa el poder real apoyándose en la acción y en la información que les proporciona el corregidor.

En resumen, las competencias legislativas desde mediados del siglo <<según siendo el instrumendo de poder más fuerte con que contaba el concejo urbano. En esta competencia, tenía que afirmarse como institución el gobierno urbano y el cabildo de regidores usaba de esta atribución frecuentemente y por lo general legislaba en solitario. Sólo invitaba como oyentes a los procuradores de la ciudad y de la Tierra, e incluso, esta menguada participación, les resultaba molesta en ocasiones; lo cual es buena muestra de que la oposición desplegada por los dichos procuradores estimulaba y servía de acicate, aunque la mayor parte de las decisiones del cabildo de regidores tuvieran siempre presentes sus intereses particulares.

Pergamino937En esta competencia la actuación de la monarquía y del corregidor podía poner contrapuntos en algunos temas, de acuerdo con sus capacidades, pero por lo general, su acción se limitó más bien a una vigilancia y validación de la actividad desarrollada por el cabildo de regidores junto con el regidor. Si alguna ley lesionaba los derechos de algún vecino, siempre quedaba abierta la posibilidad de la querella contra el concejo y sus regidores y oficiales, pero es sabido que éste es sólo un paliativo teórico, puesto en evidencia por la dificultad que entrañaba a cualquier vecino, de recursos medios, iniciar un pleito ante los tribunales del Consejo Real, que resultaba altamente costoso. Todo lo que no se pudiera conseguir por medio de una súplica o carta a sus altezas, era de dificil alcance. Ahora bien, no se debe pasar por alto la realidad de que al ser una política de intereses encontrados, entre el concejo urbano por un lado y la monarquía y sus agentes por otro, pudiese haber diferencias en algún punto, y que esta disensión fuese aprovechada por tercereas personas. Pero tales situaciones ni fueron frecuentes ni siempre se saldaron en beneficio de las clases populares.

 Fuente: Segovia. La Ciudad y su Tierra a fines del medievo – Maria Asenjo Gonzalez

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