El Palacio Real de Segovia, un monumento que desaparece

D. José Miguel Merino de Cáceres, de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, nos deleita con un brillante artículo clamando por la defensa de unos honorables vestigios del Palacio Real de Segovia.

Por José Miguel Merino de Cáceres De la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce

Palacio_Real_SegoviaLa provincia de Segovia puede muy justamente vanagloriarse, quizás como ninguna otra del viejo solar castellano, de su continuada condición de residencia de la monarquía española, desde los albores del reino de Castilla hasta nuestros días. Y no es tan solo por la frecuente presencia de monarcas y príncipes en nuestra tierra sino también, muy principalmente, por el importante número de residencias reales con que nuestra tierra ha contado, así como por la extraordinaria significación histórica de algunas de ellas. Esto es algo que quizás desconozcan muchos segovianos, para quienes la presencia de la monarquía en Segovia queda circunscrita a la vieja Casa Real del Alcázar de los Borgoña y Tastámara y a los más modernos palacios Borbones de la Granja de San Ildefonso y de Riofrío. Pero con ellos no termina la nómina de las antiguas residencias reales segovianas que, si no me equivoco, suman un total de once, aunque algunas de ellas sean hoy día tan solo un lejano y vago recuerdo. Veamos su enumeración.

Palacio_Real_Enriqu_IVLa más antigua y significativa de todas es, sin disputa alguna, el Alcázar y, si bien sus orígenes arquitectónicos se pierden en los albores de la historia de la Ciudad, su condición de residencia real no aparece documentada hasta 1135, en tiempos de Alfonso VII; pero a partir de entonces y hasta nuestros días, será permanentemente palacio real. Le sigue, cronológicamente, el palacio de Don Pedro el Cruel, de Cuellar, breve residencia real como ninguna y la torre de Guijasalbas, quinta medieval de caza utilizada por los Trastámara, de la que poseemos escasas referencias. Luego el palacio de Rascafría, en la cartuja segoviana de El Paular, iniciada su construcción por Enrique III y que hoy forma parte de la Hostería de Turismo. A continuación tenemos el palacio Real de San Martín, fundación de Juan II para aposento de su hijo el príncipe Don Enrique, del cual nos ocuparemos más adelante.

Enrique IV levanta la quinta de caza de El Campillo, en las afueras de la ciudad, luego convento de franciscanos y más tarde de Clarisas, con el nombre de San Antonio el Real. El mismo monarca se hace labrar los aposentos reales del monasterio de El Parral, efímera residencia de la que no conocemos sino su ubicación, a Poniente del cenobio, en la que también habitó su hermanastra Doña Isabel en agosto de 1503. A los Reyes Católicos se debe la construcción del palacio de Santa Cruz, dentro del convento de dominicos, fundación de Santo Domingo de Guzmán en 1218, y remodelado por Juan Guas por orden de Fernando e Isabel, para conmemorar la Concordia de Segovia; aquí reposaría también la reina Católica entre el 10 de agosto y el 26 de noviembre de 1503, tras la enfermedad que entonces la afligió.Hoy nada queda de estas estancias reales, salvo la hermosa puerta de ingreso muy deteriorada.

De tiempos de los Austrias es la Casa del Bosque de Valsaín, hoy en penoso estado de conservación y, finalmente, de la época de los primeros Borbones, los suntuosos palacios de La Granja y Riofrío.

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De todos ellos, el que tradicionalmente ha sido considerado el palacio real de Segovia, es el de San Martín, posiblemente en razón a su carácter urbano frente al castrense del Alcázar y aún a pesar de la valoración de “buque insignia” que de la red palacial del Reino de Castilla este tenía.

Nada sabemos de sus orígenes, si bien su construcción tradicionalmente se ha atribuido a Juan II para su hijo Enrique, quien hizo de él su morada habitual en la ciudad, reservando el Alcázar para las funciones representativas de la Corte; curiosamente, las estancias de la princesa Isabel en la ciudad se suceden en el Alcázar, donde en ocasiones la visita su hermanastro. Según Hernando del Pulgar, tras su proclamación como Reina, el 13 de diciembre de 1474, Isabel pasa a Palacio (el de San Martín) para el besamanos y recibir el homenaje de nobles y prelados; el 2 de enero del siguiente año entra Fernando en Segovia y el 15 del mismo mes, en la misma “Sala de Palacio”, fue firmado el documento conocido como “Concordia de Segovia”, acta fundamental para la futura gobernabilidad de las Españas; y aquí permanecerían los monarcas hasta el 22 de febrero de aquel año. Luego, en 1476, volvería la Reina a habitar su “Palacio que es cerca de la Iglesia de San Martín” a raíz de los turbulentos sucesos que tuvieron como inocente protagonista a su hija primogénita, la princesa Isabel, entre el 4 de agosto y el 23 de septiembre.

A partir de entonces los monarcas prefieren alojarse en el Alcázar, pero en 1496 vuelven a habitar el palacio de San Martín, desde el 6 de julio hasta el 6 de septiembre en que pasaron al Alcázar para permanecer aquí hasta el 13 del mismo mes. Luego no volvería la Reina a la ciudad hasta el 10 de agosto de 1503, buscando nuevos aires para su ya muy quebrantada salud, residiendo en esta ocasión en sus aposentos de El Parral y del Convento de Santa Cruz, hasta el 26 de noviembre del mismo año, siendo esta la última estancia de la Soberana en Segovia.

Entre el 8 de mayo y el 17 de octubre de 1505 reside Don Fernando en nuestra ciudad, ocupándose de la testamentaría de su difunta esposa; habita en el palacio de Santa Cruz y luego en el Alcázar, donde recibe a Cristóbal Colón, no queriendo utilizar el Palacio Real de San Martín porque le llena de tristeza el recuerdo de los gratos momentos allí pasados, años atrás, con Doña Isabel. Luego no vendría hasta 1514, entre el 22 de mayo y el 17 de julio, ya enfermo, y por último entre el 25 de agosto y el 15 de septiembre del año siguiente, posando entonces en el palacio de Santa Cruz la Real, según cuenta el cronista de los Reyes Católicos Galíndez de Carvajal.

alcazarSegún Colmenares, en 1429 puso el Rey Don Juan II casa al príncipe Don Enrique en nuestra ciudad “de la cual adelante le hizo donación y gracia con toda su jurisdicción”. En 1456 se llevaron a cabo notables obras de remodelación en la casa, coincidiendo con las muy importantes que por entonces se estaban llevando a cabo en el Alcázar, y cabe interpretar que Xadel Alcalde, autor de la sala del Solio, no sería ajeno a la decoración del palacio Real de San Martín.

Palacio_San_MartinPor aquellas fechas ocupaba la totalidad de la manzana delimitada por la Plaza de San Martín, calle de Arias Dávila, plaza de los Huertos, plaza de las Arquetas de la Reina y plaza de los Espejos. Tenía un carácter típicamente mudéjar, sin una organización clara, con lujosos interiores que en absoluto se traslucían al exterior. Debía tratarse de un anárquico conjunto de edificaciones organizadas en torno a varios patios, definiendo varios palacios, principalmente el del Rey y el de la Reina, independientes según la etiqueta de los Trastámara, como señala Rafael Domínguez Casas. A Saliente, frontero a la plaza de las Arquetas, que entonces era conocida como de Pedro Beltrán, se encontraba el Palacio de la Reina, en tanto que el del Rey estaba a Poniente, en el ángulo que forman las calles de San Martín y Arias Dávila; en la parte que hoy ocupa la plaza de los Espejos, entre ambos palacios, estaba el corral de la leonera de Enrique IV quien, además, tenía osos en el Alcázar.

A la muerte de la reina Isabel, no queriendo Don Fernando volver a habitar aquellos palacios, como hemos visto, cedió el conjunto a Diego de Barros quien, más tarde, lo dividió en varias partes que pasaron a diferentes descendientes suyos. En 1518 Pedro López de Medina y Catalina de Barros, su mujer, fundan sobre la parte sur del solar el Hospital de Nuestra Señora de la Concepción, para que acogiese “viejos ciudadanos que impedidos no pueden ganarse el sustento”, el comúnmente conocido como Hospital de Viejos. Lo que en origen eran los cuartos del Rey fue, andando el tiempo, palacio de los Porras y Bracamonte, aligados con los Mexía, Tovar y Contreras, según pregona la heráldica que hoy ostenta. La parte correspondiente a los cuartos de la Reina, pasó a manos de su hija Isabel de Barros, casada con el licenciado Diego de Heredia el Viejo, luego famoso comunero; este, en 1507 lo arrienda a la Santa Inquisición, que antes había ocupado la casa de Francisco de Cáceres, hoy de los marqueses de Lozoya, en la plaza de San Pablo y luego otra casa en la Canonjía Nueva. Más tarde, por tractos sucesorios y alianzas, este palacio pasó a manos de los Mercado Peñalosa y descendientes de estos últimos, los Galicia, lo poseyeron y habitaron hasta no hace muchos años.

Esta parte, que ya en 1507 era conocida como “Casas de la Reina”, en recuerdo de Doña Juana de Portugal, segunda esposa de Enrique IV, abría su fachada principal y acceso a sur, a un espacio, entonces posiblemente cercado; este parece corresponderse con el llamado corral de los leones, lo que hoy se conoce como Plaza de los Espejos. Hacia 1600, al pasar a propiedad de los Mercado, le fue segregada la parte que daba a esta plaza, poco más que una crujía que quedó en poder de los Barros y que conocemos por un dibujo de Avrial de hacia 1840, labrándose una nueva portada de carácter clasicista a la Plaza de las Arquetas, que fue timbrada con los escudos de los linajes Mercado, Peñalosa y Heredia.

Por el dibujo de Avrial entendemos que el cuerpo segregado debía constituir en origen una galería de doble altura entre dos cuerpos extremos macizos, la inferior de tres vanos y la superior de siete; cegados más tarde los huecos por razones de utilidad, en los del piso superior se colocaron, decorando la fachada, siete esferas de cerámica vidriada, populares espejos que vendrían a bautizar el espacio urbano frontero.

Esta fábrica, de indudable interés arquitectónico, a juzgar por el dibujo de Avrial, fue sustituida a finales del siglo pasado por un poco afortunado edificio de viviendas, diseñado por Odriozola, con fachada de ladrillo y decoración cerámica de Zuloaga; luego, en los años 70, una nueva construcción vino a reemplazar la anterior sin mejorarla.

Diputación Provincial de Segovia

El “Hospital de Viejos” , al desaparecer la obra pía que lo sustentaba, pasó en 1836 a albergar la Escuela Especial de Nobles Artes, que un año después vendría a dirigir José María Avrial, en tanto que la capilla servía de Biblioteca provincial. En los años sesenta de nuestra centuria, ante el avanzado deterioro de la fábrica, fue cerrada la escuela, por entonces llamada de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, trasladándose posteriormente a la Casa de los Picos. El edificio fue arruinándose progresivamente hasta que recientemente fue transformado en museo de la Diputación Provincial tras una “rehabilitación” ciertamente discutible. Las sucesivas intervenciones padecidas por este, hacen hoy día imposible la identificación de la estructura palacial original.

Algo similar ocurrió con el palacio de los Porras, que ha sufrido numerosas transformaciones, principalmente en los últimos cincuenta años, para adaptarlo a diversos usos, siendo identificables ahora tan solo algunas partes de las construcciones del siglo XVI.

En 1922, la manzana sufrió un importante cambio de alineación en el ángulo noroeste, desapareciendo los restos de las edificaciones que allí quedaban y que conocemos tan solo por una fotografía de Alguacil; en el solar se edificarían más tarde el Mercado Municipal, la central de Telefónica y más recientemente la Casa de Socorro. Todavía hasta hace tres décadas se conservaba en pie parte del muro de cerramiento a la calle de Arias Dávila, con dos singulares ventanas geminadas del siglo XV, y tras él restos de construcciones de carácter mudéjar y de un patio, posiblemente del siglo XVI, y unos interesantes sótanos que recuerdo vagamente. Una nueva construcción de viviendas se llevó por delante la práctica totalidad de estos restos, respetando tan sólo el muro exterior, en el que torpemente se abrieron nuevos y amplios huecos.

Hoy día de lo que fue Palacio Real de San Martín, tan solo se “conserva”, como hemos visto, lo que eran las “casas de la reina”, y aún así no en su integridad. Se trata de un edificio organizado en torno a un patio porticado de cumplido tamaño, con pilares ochavados de carácter toledano que, a pesar de la renovación sufrida en a pasada centuria aún conserva su carácter medieval. La fachada principal también debió ser renovada por las mismas fechas, con indudable acierto, a pesar de la excesiva altura que se les dio a los huecos del primer piso; toda ella fue decorada con un interesante trampantojo pintado, simulando una ordenación clasicista, hoy prácticamente perdida, complementando la portada granítica renacentista. En acceso se produce en recodo, a través de un amplio zaguán, a la manera islámica, tan común en la ciudad.

En el patio lo más interesante son sin duda las guarniciones de determinados huecos, de elegantísimas labores mudéjares en yeso, que ya fueron valoradas por el Marqués de Lozoya a comienzos de este siglo; copias de dos de ellas están en la actualidad en el Alcázar, por donación del conde de Almodóvar que las tuvo anteriormente en su palacio de Madrid. La escalera es sencilla, de carácter medieval, ocupando parte de dos de las pandas claustrales, constituyendo un interesante ejemplar que contrasta con los modelos renacentistas. Las salas organizadas alrededor del patio no presentan, aparentemente, nada singular, si bien los techos son alfarjías originales de indudable carácter, algunas de ellas con heráldica en las tabicas.

Hace aproximadamente veinte años, el “palacio” mudó de propiedad, previsiblemente pensando los nuevos dueños en una interesante operación inmobiliaria. Ante las trabas administrativas que surgieron para el derribo, el edificio fue dejado a su suerte, sin que se le volviese a prestar el mínimo cuido; el abandono y la consecuente ruina podrían resolver, de una vez por todas, los impedimentos legales. Desde entonces ha ido deteriorándose de forma progresiva, sin que nadie se ocupe de su protección. Hace unos cuatro años la cubierta se hundió y el Ayuntamiento acometió ciertas labores de consolidación que no han contribuido efectivamente a atajar el progresivo deterioro. Perdida la cubierta el edificio ha entrado en un proceso acelerado de ruina que no dista mucho de ser total. Parece que lo que queda del Palacio Real de Segovia está condenado a desaparecer, algo irreparable que los segovianos no podemos permitir.

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Desde hace tiempo no son pocas las voces que se vienen alzado pidiendo el salvamento de este singular edificio, sin que los responsables de su protección hayan hecho hasta el momento nada efectivo. Quiero con estas líneas llamar de nuevo la atención sobre tan triste tema e intentar sensibilizar a los responsables de la protección de nuestro patrimonio cultural sobre la importancia de este singular edificio que, como he pretendido reflejar, es parte muy importante de la historia de Segovia y de España.

FUENTE: Salvar Patrimonio

Los vascos en la Nueva España, 1519 – 1810

HEREDIA EL VIEJO. Vizcaíno. Amigo y paniaguado de Velázquez, vino con Cortés. De él dice Díaz del Castillo que “tenía mala catadura en la cara y la barba grande y la cara medio acuchillada e un ojo tuerto e cojo de una pierna e era escopetero”. Había sido soldado en las guerras de Italia de
las que tenía tan visibles recuerdos, fue enviado por Cortés junto con Pizarro (pariente del  conquistador del Perú) a buscar minas en la región de Tuxtepec y él se quedó explorando aquellos lugares, sin querer volver a la capital azteca. Andando el tiempo las minas descubiertas fueron propiedad de Cromberger, tío del introductor de la imprenta en México.

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