El Alcázar de Segovia y otras defensas

segovia_03.03.2013_ruta_sexmo_06El riesgo de un ataque de los adversarios del rey obligó a reforzar las defensas del alcázar y avituallarlo lo mejor que se pudo en junio y julio de 1465. Las obras se prolongaron hasta noviembre y consistieron en continuar la construcción de la llamada “torre nueva”, derribar la cerca que existía entre el alcázar y el río Eresma y hacer una cava para defender el “postigo” que se abría en otro sector: se gastó en ellas 47.739

ENRICVS DEI GRATIA REX alrededor de una orla circular que contiene un castillo con acueducto (ceca) debajo.

maravedíes, así todo en jornales de 25mrs/día a cada oficial carpintero, pedrero o cantero y 16 el peón, aunque a veces se paga por trabajo hecho a quienes transportan las vituallas u otros objetos hasta el alcázar con sus asnos, o la madera en carretas, o bien cumplen funciones específicas como la de Hamete, el calderero mudéjar que arregló el “caño” y los accesos de agua al alcázar, o el judió que elaboró la “miel rosada”.

El avituallamiento detalla los precios a que se compraron numerosos productos, y la cantidad de cada uno: trigo y cebada, vino de Ajorín, Madrigal y San Martín de Valdeiglesias, vinagre, “tocinos”, queso, aceite y sebo, sal, garbanzos, miel, “ciertas cosas para enfermos”, velas de sebo, herraje y clavazón, leña y madera, lana, hilo, cáñamo, lienzo, frisa y sarga, zapatos, carbón vegetal, plomo, piedras para proyectiles de artillería, materiales de construcción y diversas herramientas. En suma, todo lo que se consideraba preciso para que una guarnición de cierta importancia pudiera resistir un asedio, por importe de 333.906 mrs.. Se apeló al mercado local de la ciudad y pueblos próximos, pero también a arrieros y proveedores forasteros estantes en Segovia de modo que la cuenta facilita detalles interesantes sobre las diversas especialidades: vecinos de la ciudad y sus aldeas que venden cereales; recueros que aportan el aceite; vizcaínos y un cambiador, Juan de Hamusco, venden el herraje y el plomo; vizcaínos también para la tablazón; el “judío gallego especiero” provee las “cosas para enfermos” y las de mercería, en este caso junto con otros vendedores; también fueron judíos los que vendieron casi toda la lana para colchones; sal traída por vecinos de Cogolludo, próximos a las grandes salinas de Atienza; carbón vegetal a cargo de Pascual de Medrano, el artillero o “lombardero” que trabajaba por aquellos meses en el alcázar haciendo pertrechos de madera para las piezas. Este es posiblemente el aspecto en el que la cuenta de Rodrigo de Tordesillas adquiere mayor vivacidad.

segovia_03.03.2013_ruta_sexmo_39A las obras en el alcázar se añadieron otras menores en la muralla segoviana y diversos puntos de interés militar, por importe de 70.000 mrs.. Las noticias cesan después de 1465; sólo hay una de interés, en noviembre de 1467, cuando ya Enrique IV había perdido el control del alcázar y de Segovia, puesto que el nuevo alcaide, Juan de Aza, hizo recuento de las cinco piezas de artillería y de las 24 ballestas de que disponía la fortaleza en aquel momento. Una vez concluida la guerra y vuelto el rey a Segovia, la alcaldía pasó a manos de Andrés Cabrera, el mayordomo real, así como la atención a la defensa de Segovia, todo ello en condiciones de gran penuria de recursos, como lo demuestra el empeño de piezas de la vajilla real en mayo de 1473 para atender al abastecimiento y pertrechos que el alcázar necesitaba.

Fuente: El tesoro de Enrique IV en el Alcázar de Segovia (1465-1475) Miguel-Ángel Ladero Quesada / Margarita Cantera Montenegro (Universidad Complutense. Madrid)

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