Crónica de la Provincia de Segovia. Parte VI

CAPITULO PRIMERO
Segovia – Su importancia – Lengua – Religión – Gobierno – Usos – Costumbres – Antigüedades ibéricas -Reflexiones sobre su acueducto antehistórico

celtas2… No estando expuestas las ciudades interiores a embestidas de gentes extranjeras, no se fortificarían como estas; pues aunque decidiesen con frecuencia sus divergencias con la espada, como sus tendencias no eran conquistadoras, no tenían necesidad de amurallarse. La dificultad de comunicaciones y los viajes ligeros que los pueblos negociantes hacían a las costas, habían de contribuir también a que las costumbres, la lengua y religión nacionales no tuviesen en el interior modificaciones de la trascendencia que en las costas; de manera que se puede decir, que si en las poblaciones marítimas se conservaron tanto las virtudes primitivas, en el interior pasó con mucha más razón. Pero ¿quién podría explicar satisfactoriamente algunos hechos históricos y relacionar bien los monumentos arqueológicos que han quedado con lo que cuentan los historiadores de la antigüedad?

dama-de-bazaOrtiz de la Vega opina también como todos que la idolatría no fue conocida en España hasta que la frecuentó un extranjero, y el parecer de este distinguido historiador es de mucho pero para que dejemos de confesar que nos impresiona. Sin embargo, fuese cual fuese la tradición religiosa que tuviesen los iberos, nos parece que no está en la naturaleza humana que unos hombres sin culto determinado ni templos, rodeados de una naturaleza imponente, no se extraviasen al levantar su espíritu a Dios, y no tuviesen necesidades religiosas que su tradición no podría satisfacer. Es cosa digna de notarse que de todo lo que les enseñaron los extranjeros, lo que recibieron con más facilidad y se extendió más velozmente fue el culto idólatra y la mitología pagana.

Segovia no se conduciría de otra suerte que los demás iberos, porque habría tenido antes sus mismas necesidades, y tratado de llenarlas también como su ruda inspiración se lo diese a entender. A lo menos Hércules, que era el héroe que había de ser más simpático a los españoles, tuvo en esta ciudad estatuas y altares, como lo prueban las que se han hallado de él en diferentes tiempos y otros testimonios de valor.

Pensamos que es prudente no aventurarnos a mas determinadas conjeturas sobre estas oscuras relaciones. Los datos que tenemos de los antiguos geógrafos son de procedencia sospechosa y están llenos de contradicciones. El robo a que suponen se daban los españoles concuerda mal con aquel heroísmo, con aquel espíritu independiente, con la pureza de algunos rasgos de vida que los mismos historiadores nos cuentan. Lo cierto es que  sus descripciones están discordes con los sucesos políticos que luego nos refieren. No se acuerda menos mal con sus costumbres destructoras el estado floreciente de sus campos y ciudades cuando Cartago y Roma la invadieron, pues sorprende que gentes tan fieras viviesen de una manera tan civilizada; que dándose a la rapiña cultivasen la agricultura; que estando tan divididos en bandos y parcialidades no hallasen los extranjeros huellas más marcadas y notables de su mutuo aborrecimiento u odio; que siendo tan bravíos y haciéndose entre sí una guerra bárbara y continua, no se exterminasen unos a otros, ni se señalase alguno de los demás y le impusiese su señorío, ya que la fama de sus valerosos guerreros no fuese tan alta que sorprendiese al mismo invasor.

hispania7Muy al contrario: las ciudades y lugares pululaban, los campos florecían, los montes estaban atestados de ganado, la población era numerosa, se esculpían estatuas notables, las poblaciones carecían de murallas y la conducta que con ellos tuvieron cartaginenses y romanos prueba que lejos de haber entre ellos el odio que suponen y los exterminios y desolaciones a que los pintan inclinados, sus querellas habían de ser querellas de vecinos y hermanos y si alguna vez tal pueblo o tal ciudad se atrajo un aborrecimiento  general, pudo haber sido efecto de que habiendo adoptado costumbres del extranjero fue con mirada de aversión y menosprecio.

 

Fuente: Crónica de la Provincia de Segovia por Don Luis Carreras. Aquiles Ronchi -1866

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