Enrique IV de Castilla.1425 – 1474. Apuntes Biográficos

En Castilla, Juan II era un rey medieval poco usual, dado que le interesaba más el conocimiento que las  guerras. Juan, considerado como “voluptuoso y sensual” había nacido en 1405 y su primer
matrimonio lo había consumado con María de Aragón, naciendo Enrique en 1420. 

Enrique desde pequeño había sido enfermizo, dado a largos períodos de melancolía y poco comunicativo. En resumen, era un niño débil y sumiso. Según los nada objetivos historiadores de la época, parece ser que en su pubertad se entregó a “abusos y deleites de los que hizo habito…de donde vino la flaqueza de animo y disminución de su persona… Deleites que la mocedad suele demandar y la honestidad debe negar…”

Según palabras del mismo Marañón, “finalmente esta, sin duda, relacionada con su inclinación homosexual, su famosa afición a los árabes de los que, como es sabido, tenia a su lado una abundante guardia, con escándalo de su reino y aun de las cristiandad. Es sabido que en esta fase de la decadencia de los árabes españoles, la homosexualidad alcanzó tanta difusión que llego a convertirse en una relación casi habitual y compatible con las relaciones normales entre sexos
distintos”


Nunca pudo consumar su matrimonio con Blanca de Navarra, quien no estaba nada mal físicamente y pudo haber animado hasta a una estatua.

Cuando Juan II vio que su hijo no conseguía heredero, decidió aprovechar que estaba viudo y mandó a su confidente Álvaro de Luna a que le consiguiera novia en Portugal. 

A pesar de que a Enrique le sabía a diablos que su padre le pusiera madrastra, el viejo Juan II en 1447 se casó enamoradísimo de la joven Isabel de Portugal -prima del rey Alfonso V- y en poco tiempo la fogosa muchacha le había dado a Juan II dos hijos, Alfonsito y la futura Isabel la Católica. Enrique se sentía desplazado por su madrastra, quien era más joven que él.

El escritor viajero Tetzel refiere que cuando visitó al Reu, estaban él y la reina sentados en el suelo, a la usanza árabe. Y Palencia dice que los moros de la guardia del rey “corrompían torpisimamente a mancebos y doncellas”.  Don Enrique no solo adoptó los vestimentas de esa
gente y sus posturas y alimentos, sino también “otros hábitos funestos propensos a vergonzosa ruina”

De ser cierta la especial sensualidad del príncipe (masturbación “excesiva” según las crónicas, como si ello fuese posible) conjuntada con su timidez sexual para con las mujeres, sería lógico que la princesa Blanca quedara “tan entera como cuando llegó a la  corte”, y esto se achacó al imaginario “desgaste sexual” del muchacho, que en la noche de la boda regia tenia apenas quince años.

En 1453 Enrique se divorció de Blanca de Navarra, alegando que era con ella que no podía copular dado que con otras era un tigre entre sábanas. 

Blanca, ofendida, alegó que ella nunca puso impedimentos para realizar la cópula a pesar de que se esposó con un hombre de ojos saltones, nariz deforme y figura poco elegante que no entusiasmaba a nadie. Unas damas de la corte se dieron a la tarea de levantarle las enaguas a Blanca para probar si era virgen, cosa que resultó positivo . 

Un sacerdote fue enviado a los burdeles de Segovia a indagar con las meretrices si el príncipe Enrique podía funcionar como hombre.

Las astutas meretrices afirmaron que Enrique era “tan bien dotado como un asno” y “todo un relinchón cachondo” mientras el príncipe sacaba pecho. 

Para colmo, trajeron a un médico germano llamado Hyeronimus Munzer, el cual emitió el siguiente dictamen sobre la capacidad sexual del futuro monarca:”El órgano copulatorio es débil y escuálido en su base, con frágiles tejidos ahí, pero luego se ensancha hacia una longitud considerable y una  desproporcionada cabeza. Esto último impide que la erección se complete pues el resto del órgano no puede sostener tamaño peso.”

A pesar de este rotundo diagnóstico, Enrique siguió con la farsa de ser un genuino Príapo en la cama, y en 1455 se casó con una prima de su odiada madrastra: La princesa Juana de Portugal, hermana del rey que estaba en el trono en tierras lusitanas.300px-Eiv01b

 Juanita, al contrario de su prima Isabel quien era fogosa solo con su marido pero virtuosa con otros, resultó ser una coqueta incorregible, quien le hacía ojitos hasta al mozo de la cuadra que le cuidaba los corceles. 

En 1454 Juan II se despidió de este valle de lágrimas, y Enrique IV subió al trono como monarca de Castilla. 

Para entonces la coqueta Juana seguía tan intacta como el día que su madre la parió, al menos en lo que se refiere a las atenciones sexuales que pretendidamente correspondían a su esposo.. 

Enrique IV, por fin pudo apartar de la corte a su odiada madrastra y sus dos hermanastros, enviando a la joven viuda y sus hijos al castillo de Arévalo. Una vez ahí, les privó de todo lujo y con costo comían los tres tiempos. Desde 1452, Isabel hija había sido enviada a un convento en Avila para que estudiara.

Enrique IV comenzó a ser el hazmerreír de la corte con el apodo de El Impotente.

Pero donde enrique no tuvo ningún problema sexual fue en sus relaciones con otros jóvenes y
hombres, ya que sus relaciones se constatan desde su adolescencia, en la que estuvo muy unido – y no solo metafóricamente – a su ayo, Don Juan Pacheco. Después de él vinieron otros muchos, como un tal Gómez Cáceres, “joven de arrogante figura, belleza física y afable trato”, quien gozó del favor real tan solo por esos dones.

Otros en cambio tuvieron que huir de los deseos del monarca, como Miguel de Lucas, que emigró
a Valencia, o Francisco Valdés que, acosado por el rey, fue apresado y hecho 
prisionero

En otra ocasión -cuenta Palencia – cuando los criados de Pedro Arias intentaron apoderarse del
Rey cazandolo “infraganti”, siendo éste avisado a tiempo, huyó en camisa con los pies y piernas desnudos” mientras ellos capturaba a un tal Alonso Herrera “a quien tomaron por el monarca por hallarse casualmente en su  cama”

Su cercana amistad con Juan Pacheco-Marqués de Villana- y luego con Beltrán de la Cueva dio aun mas pábulo y fundamento a los comentarios y rumores de que el soberano era homosexual. 

Los cotilleos, coplillas y dimes y diretes venían ya desde 1455 cuando Enrique IV había hecho campaña en Granada para sacar a los moros de ahí. Se hablaba de un árabe que lo había hipnotizado.

En 1461 Juana por fin dio a luz a una chiquilla a quien le pusieron Juana también, y que sería conocida como La Beltraneja pues le achacaban a Beltrán de la Cueva su paternidad. 

Tras el nacimiento de la niña, Enrique IV hizo Conde de Ledesma a Beltrán, y no faltaron quienes dijeran que el título nobiliario era el pago por haberle fertilizado a la mujer. Enrique IV jugó el papel de orgulloso papi, y haciéndose el generoso, invitó a la corte a sus hermanos Isabel y Alfonso. Isabel de Portugal, al quedar sin sus hijos en Arévalo, viéndose sola y triste perdió la chaveta.

Pero ademas de sus correrías por la corte, también gustaba Enrique IV de “facer fornicio”
con otros “hombres de mal vivir” cuando salía de caza.

Según relata el historiador Marañón como detalle del grado de la extravagancia de las orgías que el rey organizaba en su finca de caza de Balsañin, este tenia como porteros a un enano y a un etíope “tan terrible como estúpido”, los que nos habla de la afición del monarca por lo exótico y llamativo.

En resumen, que nuestro soberano era gustaba de los placeres del pendoneo y lo freak. Al menos
lo que asi era considerado en aquellos tiempos cuasi medievales.

Juan Pacheco, el ex favorito de Enrique, se llenó de celos al ver a su rival Beltrán de la Cueva gozando de tantos favores con el rey y tramó su caída. 

Pacheco en 1465 encabezó con otros nobles una guerra civil contra Enrique, declarando al adolescente Alfonsito rey. Haciendo la patraña de que Alfonsito iba a visitar a su madre loca en Arévalo, se tomaron el castillo y en agosto de 1467 estos nobles rebeldes entablaron una batalla cerca de Olmedo. Enrique
IV hizo operación cusuco y su esposa e hija huyeron hacia Segovia.

Alfonsito, quien había sido un muchacho sano, enfermó en julio de 1468 y murió misteriosamente. 

Enrique IV entonces recibió a su hermanita Isabel y se reconcilió públicamente con ella en septiembre del mismo año. 

Los nobles juraron lealtad a Enrique y nombró heredera a Isabel, anulando a Juana la Beltraneja como su sucesora en 1468 mediante el Tratado de Toros de Guisando. 

Juana de Portugal echó a un lado su falsedad, y presa de una ira sin límites, abandonó a regio esposo para tomar abiertamente un amante, con el cual posteriormente tuvo dos hijos más. Las intrigas de la futura Isabel la Católica por fin habían dado fruto y era heredera.

Enrique IV le había prometido no casarla contra su voluntad, pero aconsejado por su ex enemigo Luis XII de Francia, Enrique quiso usar a su hermana para casarla con el viejo rey portugués Alfonso V (hermano de la infiel Juana y primo
de Isabel de Portugal). 

Isabel se sintió traicionada por su hermano y escapó a Valladolid para casarse a escondidas con Fernando de Aragón en octubre de 1469. 

Cegado por la furia, Enrique IV revocó el tratado de Toros de Guisando y nombró de nuevo heredera a su hija Juana la Beltraneja en 1470, dejando que la alegría de ser heredera no terminara de guisarse en su hermana.

Al morir Enrique IV un 11 de diciembre de 1474, no alcanzó a aclarar cuál de las dos mujeres sería su heredera, dejando tras de sí las semillas de una cruenta guerra civil. 

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FUENTE: Islaternura

Texto

resumido de “Historia de amor entre hombres que hicieron
Historia”, de Antonio Sanchez. Edit. Cirene !993

 

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